viernes, 24 de agosto de 2012

Por la Bretaña y Normandía - 1

Estos días atrás, me he ido de vacaciones a la zona de Normandía y la Bretaña francesa, aprovechando que desde mi ciudad, Gijón, sale un ferry que lleva hasta Saint-Nazaire. Las vacaciones eran tanto turísticas como fotográficas, así que comentaré un poco sobre las dos cosas.

Para empezar, el viaje en ferry. Dura 15 horas, saliendo por la noche y llegando por la mañana. Yo fui en camarote, que es bastante coqueto, con dos camas (que pueden ser 4, usando unas literas superiores), aunque hay la opción de ir en butaca. Al pasar gran parte del viaje dormido, es bastante llevadero, pese a ser largo, y el único problema puede ser el mareo. Yo que no lo sufrí (aunque eso sí, tomando una buena dosis de biodramina) lo llevé bastante bien, a quien lo sufrió, se le hizo bastante cuesta arriba. Me imagino que en butaca sí que se debe hacer eterno, o al menos lo sería para mí que soy incapaz de dormir sentado.
El lugar de llegada es Sant-Nazaire, que posiblemente es el pueblo/ciudad más feo de todos los que me encontré en Francia. Allí llegamos hacia las 12:00, perdiendo otra media hora o tres cuartos en poder bajar el coche (hay muchos y hay que seguir un orden). Tras una breve parada para comer unos bocadillos (y es que fuimos turismo del que nadie quiere, llevamos embutidos y laterío de casa y viviendo a base de bocatas), nos dirigimos a Caen, donde teníamos reservado el hotel. El viaje resulta más largo de lo esperado, con alguna equivocación de camino por el medio, y es que la ausencia de la tarifa de datos en el extranjero se nota, sin poder consultar rutas en los Google Maps. Además, estamos bajo una ola de calor, con entre 32 y 34 ºC por el camino, en un coche sin aire acondicionado, por lo que paramos unas cuantas veces a refrescarnos.
A la llegada a Caen, otro buen rato para encontrar el hotel. Nuestra sorpresa fue que aunque sabíamos que era aparta-hotel, nos encontramos con una residencia para alumnos universitarios, lo que nos dio mala espina... pero las apariencias engañan. Limpio, moderno, con una cocina bien equipada, baños grandes, con aparcamiento privado gratuito y si bien el lugar para dormir era un sofá cama, era mucho más cómodo que las camas de hoteles de unas cuantas estrellas donde he estado. Además a buen precio. Para quien le interese, el aparta-hotel se llama Sejours Et Affaires.
Tras el cansancio del viaje, descansamos un poco y cenamos, con la suerte de tener un Carrefour Express al lado del hotel para avastecernos de los productos básicos como bebida y pan, con unos precios similares a los españoles.
Ya anocheciendo tocaba dar una vuelta por Caen. Lo cierto es que es una ciudad preciosa, pero que con el retraso al llegar no pudimos visitar muy a fondo, y es que llevábamos un planing bastante ajustado y esa tarde era la que le tocaba a la visita, y al ser tan tarde y con cansancio no dio para mucho.



Abadía de las Damas, en Caen.

La mañana siguiente, tocó madrugar un poco para salir temprano. Lo planeado era mañana en la costa de Normandía con visita al Cementerio Americano, a algún pueblo y a Omaha Beach, luego parada en el hotel para comer, visita a Beuvron-en-Auge y rumbo a Étretat para la puesta de sol.
Comenzamos por el Cementerio Americano, al que llegamos fácilmente y en poco tiempo (está no muy lejos de Caen y bastante bien indicado).
Como todos los cementerios estadounidenses en territorio francés (tanto para la Primera Guerra Mundial, como para la Segunda), Francia garantizó a Estados Unidos una concesión de territorio a perpetuidad para que fuera ocupado por el cementerio, libre de toda tasa e impuesto. Este cementerio es administrado por el gobierno estadounidense y el Congreso otorga la financiación anual. La mayor parte de su personal, tanto civil como militar, se encuentra en Estados Unidos. La bandera estadounidense ondea en estos territorios de manera permanente. Así que como si de país cambiásemos, hay que pasar por detectores de metales y seguridad.
Si bien es cierto que nunca he casado con la enorme vena patriótica americana, es increíble el mimo y cuidado del lugar, así como el sobrecogimiento que produce el ver esa enorme cantidad de cruces sobre el césped, correspondientes a soldados que perdieron la vida durante el desembarco de Normandía (
unos 10.000). Aunque aquí sólo se vean cruces, hay alguna estrella de David para los soldados judíos. Puede que las razones de su participación en la guerra no sean tan ideales como nos intentan vender, pero lo que está claro es que fue su sangre (y la del resto de aliados) la que nos dio la libertad en Europa respecto a un régimen tan aterrador como era el nazismo.
Merece la pena, sin duda, ser visitado.

El lugar, en lo fotográfico, se puede decir que es el lugar perfecto para hacer prácticas sobre composición.


 Muchas lápidas tenían flores, o como esta, banderas, de los familiares de los soldados que aún visitan este lugar.

 En cada lápida, el nombre, donde sirvió, lugar de nacimiento y fecha de la muerte del soldado.

Al fondo se encontrabas las miles de cruces.

Afortunadamente fuimos pronto, porque el lugar se empezó a llenar de gente poco después.
Después visitamos Omaha Beach y algunos de los pueblos de la costa. Si bien tengo fotos en "plan turístico", esas las dejo para mi cuenta personal de Facebook y como recuerdo. Lo que sí voy a comentar, es que estos lugares, y en general toda Normandía, fueron casi destruidos por completo durante la guerra, pero que fueron reconstruidos exactamente igual que estaban, manteniéndose impolutos hasta ahora. Todo está perfecto, sus jardines, sus fachadas, la ausencia de basura... bien podíamos aprender en nuestro país. Es como estar paseando por otra época.

Tras la comida en el hotel de Caen, rumbo a Beuvron-en-Auge.
Si los pueblos de la costa de Normandía ya parecían de ensueño, este ya es de cuento de hadas, como visitar el hogar de Hansel y Gretel. Casas con entramados de madera que parecen tener siglos, pero que están conservadas como el primer día. Una delicia.


Un pueblo atrapado en el tiempo.

El siguiente destino era Étretat. El lugar es muy conocido por sus acantilados, incluyendo un arco natural muy famoso, que algunos llamaban "El ojo de aguja", y era uno de los lugares que teníamos claramente marcados desde el principio. La idea era realizar la puesta de sol, con fotos desde lo alto antes de que el sol desapareciera, aprovechando la luz dorada sobre los acantilados, y desde abajo un poco más adelante. El día estaba totalmente despejado, lo que parecía nos iba a deparar un ocaso bastante soso. Cual fue nuestra sorpresa al llegar y ver que una espesa niebla estaba avanzando sobre el lugar. Y es que poco puedo decir sobre este lugar, pues debido a la niebla casi no pude ver nada. Tomamos algunas tomas desde abajo, en los pocos momentos que la niebla dejaba entrever "El ojo de aguja" (y que la gente no se metía justo delante de la cámara), pero poco más.


Un verdín enormemente resbaladizo cubría todo el primer plano, con "El ojo de aguja" mostrándose un momento.


Con esto acaba esta entrada. La siguiente, que será el siguiente día del viaje, estará centrada en el Monte Saint-Michel.

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